Llevamos apenas una semana en la nueva sede de la empresa, y ya son todo problemas. Que si el suelo registrable está puesto no donde figura en el plano, sino donde Dios Offler el Dios Cocodrilo le dio a entender al electricista. Que si Timofónica Telefónica nos ha dado tres líneas con IP dinámica y así no hay manera de configurar el servidor de correo como Dios Crom manda. Que si no hay persianas en las ventanas y a los que se sientan al lado de ellas les está empezando a salir un tonillo de cangrejo que no les sienta nada bien. Que si la recepción y la planta baja del edificio están aún sin terminar de hacer. Que si aún no ha venido el técnico de Timofónica Telefónica a configurarnos la centralita telefónica, y por tanto no tenemos teléfono fijo (y como móviles de empresa sólo tienen tres personas, una de ellas el gerente, pues así vamos). Que si el fax no funciona. Que si la presión del agua de los baños es mínima y por tanto no hay forma de hacer siquiera aguas menores sin dejar un, ejem, rastro de ADN evidente...

El caso es que, además, hay un factor añadido. Y es que la cubierta ha estado tanto tiempo expuesta, que ahora que la han cerrado, se han dado cuenta de que dentro hay dos avisperos, un nido de gorrión y un nido de mariquitas (y con mariquitas me refiero a los bichitos rojos con puntitos negros, so malpensados). Y ayer oímos correr algo por el falso techo. Algo con patas y que hizo bastante ruido. Me juego el pellejo a que era una cierta clase de roedor...

Eso sí, las vistas son excelentes. Jamás antes había visto la prisión de Alcalá Meco con tanto detalle.

Pero aun así, hemos pensado que cualquier cosa es mejor que aguantar una charla del Comando Boina nuevo jefe comercial, un señor mayor con mucha vida a la espalda y con un defecto gordísimo: más que hablar, da mitines. De hecho, cada vez que entra por la puerta con cara de querer contarnos una de sus batallitas interminables anécdotas, pienso en Gordon Freeman y su crowbar. El momento hasta tiene banda sonora dentro de mi cabeza.

Así que los compañeros del curro que más o menos están igual de locos piensan igual que yo, y yo misma, hemos pensado en bajar medio metro el falso techo y organizar una Gymkhana del Terror por entre los avisperos y los nidos de bichos varios. Así podremos ponernos en Modo Alien y circular por los conductos de ventilación como si huyéramos del malvado monstruo baboso. Y el colofón será la prueba final: lucha a muerte contra el roedor no identificado.

Lo que sea con tal de huir del Comando Boina...